miércoles, 17 de febrero de 2010

Capítulo 10


Capítulo 10


Regreso al país

de las mentiras

Matt

La fiesta no había terminado, pero lo único que necesito ahora es descansar. Así que se lo digo a Alex, que está demasiado ocupado con Carlota. Todavía no se han liado, pero me temo que si la cosa sigue así, no les queda mucho tiempo para terminar boca contra boca. La verdad es que me alegro por ellos, desde el primer momento en que sus miradas se encontraron, se gustaron. La atracción es demasiado clara. Me despido de Enrique, y busco a Rachel. Pero ella no está. Desde que empezó a la fiesta no la he vuelto a ver, y me hubiera gustado hablar con ella después de lo que pasó.

Desde el primer momento en que decidí alejarme de ella, sabía que me había equivocado. Pero cuando las cosas son como son en mi vida, todo tiene que estar planeado. Y la llegada de Rachel a mi vida no estaba planeada.

Hoy fue un día duro. La visita de mamá, todo lo que paso con Robert, y para terminar, todo el cacao mental que tengo con Rachel. ¿Por qué las cosas tienen que ser tan difíciles en mi vida? ¿No podía haber sido yo un chico normal? Y todo por su culpa. El odio volvió a aparecer en mis venas, como veneno, dejándome casi sin aliento. Hacía mucho tiempo que me había acostumbrado a sentir esto en la piel, esta sensación de angustia cuando pensaba en todo lo que yo podía haber sido, y en lo que seré por su culpa.

Me tumbo en la cama rendido, pero antes de dormirme decido darme una ducha. Me levanto de la cama y miro por la ventana. No queda ni rastro de la hoguera. Todos deben de estar borrachos o perdidos por el bosque, o quizá en camas ajenas. Estos días son los ideales para conseguir un embarazo no deseado, porque desde hace bastante tiempo no se ha visto preservativos por el internado. ¿Una simple muestra de lo poco que estamos interesados los alumnos en el sexo? No me lo creo. ¿O más bien una muestra más de autoridad de nuestro queridísimo director?

Enciendo la ducha y me meto debajo. Un buen remojo antes de irse a dormir nunca viene mal a nadie.

¿Dónde estará ella ahora? Había tenido demasiado tiempo esta noche para pensar en ella. Y cuando la busqué, no la encontré. ¿Por qué tendré tan mala suerte?

Aunque eso es lo mejor, alejarme. No gano nada intentando hacer algo que nunca llegará a nada. Sus palabras vuelven a sonar en mi mente, y el odio vuelve a mis venas.

Tantas veces me he preguntado por qué a mí… Siempre me recuerda que nunca podré ser alguien normal, alguien que pueda tener una novia, casarse, tener hijos y un trabajo. Él siempre me recordó que estaré a su sombra.

La elección en la vida es lo que nos termina indicando nuestro verdadero camino. Si elegimos bien, de mayores seremos recompensados. Pero si elegimos mal, la oscuridad se apoderará de nuestra alma.

Yo nunca podré tener esa elección. Ya eligieron por mí.

Salgo de la ducha empapado y me seco rápidamente. Oigo la puerta de la habitación cerrarse, y unos suspiros seguidos. Salgo del baño con la toalla atada a la cintura y miro a la silueta que está tumbada sobre una de las camas. El hermano de Robert.

Ismael tiene los ojos cerrados y el brazo sobre la cara. Parece cansado. Miro a los lados. No hay rastro de Robert. Suspiro, cojo mi pijama y vuelvo al baño.

¿Y si…? Entonces vuelve a mi mente la conversación de Robert con Ismael sobre Rachel. ¿Y si él está con ella? Siempre intenta quitarme lo que más deseo, y en esta ocasión no va a ser diferente.

-¡Mierda! –doy un puñetazo en la pared y me hago sangre. Pero entonces cambio de idea y, en vez de ponerme el pijama, cojo un chándal y salgo lentamente de mi habitación. Ismael se ha quedado dormido.

Julio nunca me contó donde tenía las instalaciones para entrenar a Robert. Siempre que le pregunté, dijo que no era asunto mío. Pero toda la vida encerrado en esta mierda tenía que valer para algo, ¿no?

El día que descubrí donde guardaba todos su artilugios Robert fue el día que lo descubrí todo. Ellos piensan que no tengo ni idea, que solo sé todo lo que me quisieron contar, pero no. Había nacido con esta sangre, esta maldita sangre de la que no podía libarme, así que iba a utilizarla para algo. Y así lo hice.

Seguí a Robert en uno de sus días de entrenamiento. El internado es una simple fachada para todo lo que lleva en su interior. Y él solito me condujo al portal. Una simple clave y podíamos viajar hasta el verdadero St. Gaifen.

Pero no fue ese día el que lo descubrí todo. Era demasiado peligroso bajar sabiendo que tanto Julio como Robert estaban dentro. Así que me dediqué a mirar dentro de la sala en la que estaba. Había muchas armas empaquetadas en cajas. Pistolas y, sobretodo, espadas. Pero no eran armas corrientes. No había a penas luz, y las espadas relucían como si miles de luciérnagas estuvieran dentro de ellas. Las pistolas eran de un metal muy caliente y jamás, en toda mi vida, olvidaré su forma. Parecía como si el mismo metal se estuviera quejando de dolor. Eran retorcidas, y sus dibujos eran tan espantosos que parecían que chillaban de dolor. Habría seguido buscando en las cajas alguna pista, pero la luz del alba lo cubrió todo. Y con ella, todo desapareció.

Más bien, no desapareció, sino que todo quedó camuflado. Lo que habían sido cajas fueron remplazados por muebles llenos de polvo, cubierto por telas viejas. Una perfecta fachada para que nadie se interesase por lo que había en su interior. Y supe que había llegado el momento de largarse de allí.

El fantasma de mi pasado llevaba atormentándome desde que supe parte de la verdad. Nunca quisieron contarme todo, decían que no era necesario. Y todavía sigo pensando que, de haber sabido lo horroroso de todo esto, a lo mejor me lo hubiera pensando antes de averiguar lo que en realidad era. O más bien, lo que no era.

Cuando salí todo se veía más claro. Lo que yo no sabía era que esa claridad iba a convertirse en oscuridad dentro de poco.

Volví pasado dos días. Y entonces lo descubrí todo. Fue ese el momento donde empecé a entrenar enserio. No podía dejar que ellos me utilizaran como quisieran, y tenía que aprender a defenderme. Nunca volvería a ser el chico indefenso. Y nunca volví a serlo.

Y ahora volvía a ir al lugar donde había encontrado mi verdad para enfrentarme de nuevo a ello después de más de un año. Iba a ser duro. Pero era lo que tenía que hacer. Había retrasado demasiado este momento, esperando estar preparado, y nunca lo estaba.

* * * * *

El portal estaba totalmente tapado con una tela blanca que lo cubría por completo al ojo humano. Pero yo no era humano y podía verlo perfectamente. La habitación estaba llena de cajas y todo estaba oscuro, hasta que destapé el portal. Entonces la habitación se llenó de una luz diferente a la de los rayos del sol, diferente a cualquier luz que podríamos encontrar en un lugar normal. Nunca una luz podría haber trasmitido tanta oscuridad.

Metí la clave rápidamente y las puertas se abrieron. Si antes emanaba luz de su interior ahora todo era un remolino de colores. El portal me atrajo hacia su interior, precipitándome al vacío. Pero esta vez estaba preparado y el miedo que sentí la primera vez no me cogió por sorpresa.
Pasaron tres minutos, y mi cuerpo chocó con el suelo. Durante unos segundos todo era negro. Debería de haberme preparado también para el golpe al caer.

No podía moverme, me dolía todo el cuerpo, y la oscuridad me rodeaba como si fuera mi mejor aliado. Y en cierto modo así era. No podía permitirme el lujo de que me descubrieran. Eso era demasiado peligroso. Así que durante otros cinco minutos no me moví. Tampoco es que pudiera hacerlo.

Pasaron otros cinco minutos más y entonces decidí hacer un intento. Mis manos respondieron a las órdenes de mi cerebro y empezaron a hacer pequeños movimientos, mientras todo el cuerpo recibía descargas eléctricas debido a la falta de movilidad y a la caída.

Pero en cuanto empecé a moverme todo funcionó al instante. Fue como si tiraran de mí, como si una fuerza me impulsara para adelante. El cambio de energía en un cuerpo materia era normal en este lugar. Lo había leído en unos libros que cogí la primera vez que vine aquí. Me había pasado noches enteras pegado a la lámpara de mi habitación, o con una linterna para que Robert no me pillara.

Cuando por fin consigo ponerme de pie miro a mí alrededor. Todo está como yo me lo imaginaba, nada había cambiado. Lo que al principio me pareció un suelo rígido y de forme, en realidad era un campo abierto. Era de noche y yo estaba rodeado de piedras que trazaban un círculo. El otro lado del portal. Naturalmente, el portal no era tan alucinante aquí, porque lo que arriba era algo alucinante aquí se convertía en la cosa más natural del mundo.

Por lo que pude ver, no había mucha actividad, así que me dirigí rápidamente hacia el gran edificio que había enfrente de mí.

Tengo que tener en cuenta que pueden pillarme, así que me fundo con las sombras en cuanto puedo. Vuelvo a mirarlo todo. Alguien normal catalogaría este lugar como algo hermoso y tenebroso a la vez. Algo frío y distante, con una apariencia que te invita a ir hacia él, pero donde todo es peligro. Me río. Podríamos decir que así son Robert y Julio. Ellos se sienten bien en este lugar, es su casa. Y yo no debería sentirme libre aquí. Este sitio debería repudiarme. Y en cambio, lo único que quiero es estar aquí.

He tenido muy pocas conversaciones normales con Robert, pero una de ellas fue cuando me explicó lo que se sentía al estar libre. Y aunque no me dijo, yo sé que así se sentía cuando pisaba este lugar. Su casa. Porque cuando está en el internado, se siente como un extraño, como un intruso. Eso es él. Un intruso que se intenta apoderar de odio humano, para utilizarlo en su contra. ¿Y qué soy yo? Él nació del odio, pero yo…

Oigo un sonido a mi espalda y me muevo rápidamente por las sombras de el edifico principal. Se ha abierto una puerta, así que me adentro con facilidad antes de que se cierre.

Ya dentro, todo huele a antiguo. Y a poder. A simple vista la habitación que da a la calle parece un pasillo normal. Pero la sensación que recorre el aire te indica todo lo contrario. La última vez que estuve aquí la sala de entrenamiento estaba en el sótano. Lo recuerdo todo tan bien…

El día en que puse por primera vez mis pies en este lugar llevaba dos años entrenándome. Pero esa sala… en un día avancé el doble que en dos años. Entonces fue cuando entendí porqué Robert siempre me superaría. Él tenía a su disposición este lugar, aunque con algunas reservas. El internado era una simple tapadera, un porta a este mundo desconocido por todos. O por casi todos.

Y aquí estaba otra vez. Simplemente porque quería volver a sentir la sensación de poder que sentí la última vez. Ese poder puedo perderlo, pero también puedo aumentarlo, y eso es exactamente lo que iba a hacer ahora.

Todo estaba oscuro. El vestíbulo es muy grande. A la izquierda dos sillas estaban apoyadas contra la pared, al lado de una puerta cerrada. A la derecha solamente había una puerta que conduce a una habitación sin luz. Al fondo hay escaleras y una gran puerta abierta de par en par deja ver un patio. Oigo pasos y decido esconderme en la habitación de la derecha.

-Él volverá pronto. Todo tiene que estar preparado. –dice la voz de una mujer que se pasea por el vestíbulo.

-Hace mucho tiempo que no le tenemos con nosotros. ¿Cree que el señorito volverá con él? –dice la voz de una muchacha más joven. –Hace un año que el señorito Robert no vuelve a venir por aquí.

-Me da igual si Robert vuelve. El que ahora importa es Julio. Así que quita esa cara de tonta, ya sabes que Robert jamás se fijara en una chica como tú. Él prefiera a las de arriba.

-Pero el señor Julio dice… -empieza a decir la chica.

-Me da igual lo que diga Julio. –la corta la que parece que está al mando. –Mientras que el señor Deblash no esté, yo soy la que manda. Y se hará como yo diga. La noche de la Luna Roja la puerta se abre, y tenemos que hacer lo que sea para que nadie salga herido. ¿Te he contado lo que pasó la última vez?

-Si, señora. Me lo ha contado muchas veces. –la chica parece cansada. Robert tiene admiradoras por todos lados.

-Bien, pues ya sabes. Ahora ve a ver si es cierto que las alarmas han saltado.

-Si, señora. –oigo unos pasos alejarse y otros acercase. Y antes de que pueda moverme para esconderme mejor, la chica ha abierto la puerta.

Yo me levanto rápidamente y ella ahoga un grito. Le tapo la boca con mi mano y me colocó detrás de ella, inmovilizándola. Mientras, cierro la puerta con el pie. Ella me mira asustada.

-No hagas ruido. No voy ha hacerte nada, ¿vale? –Ella asiente despacio. –Ahora me tienes que prometer que no vas a chillar cuando quite la mano. –ella vuelve a asentir. Y yo me dispongo a quitar la mano, consciente de que este puede ser mi fin. Pero ella mantiene su promesa. Y entonces sus ojos pasan del miedo a la sorpresa.

-¿Quién eres? ¿Vienes de arriba? –es lo primero que me pregunta. Entonces yo me relajo y la miro. Es una chica bonita, de ojos verdes, pelirroja y más bajita que yo.

-Soy Matt. –le tiendo la mano, y veo que sus ojos cambian. Y entonces veo que he cometido mi segundo error esta noche. No debería de haberle dicho mi nombre. Parece que ella comprende, y hace como si no supiera nada.

-Yo soy Kathy. –me estrecha la mano, y me mira con curiosidad. –La verdad, me esperaba algo diferente de ti. –dice con descaro. –Todos decían que te parecías mucho a tu madre, pero yo te encuentro más parecido con tu padre. –Eso me sienta como un jarro de agua fría, porque el peor insulto que me pueden dedicar es decirme que me parezco a mi padre. -¿Qué haces aquí? Esta prohibido para ti, y lo sabes.

-Haces demasiadas preguntas, ¿lo sabías? –veo que ella se mueve y entonces enciende la luz. Se acerca a la puerta y la cierra con llave.

-Puedes contármelo, no se lo diré a nadie. Eres lo más interesante que ha pasado últimamente por aquí.

-Me alegro de servirte de distracción. –miro la habitación. Una cocina. Bueno, en realidad es una gran cocina. –Mira, no tengo toda la vida. Tienes que decirme donde está el… hem… centro de entrenamiento…

-Tengo prohibido ir allí. Solamente puede entrar a allí…

-Lo se, lo se. –le digo cortándola. –Pero las reglas están para romperlas, ¿no? –Miro a la muchacha. Y me doy cuenta que no sabe nada acerca de las normas. Es demasiado idiota para darse cuenta. Otra de las cosas que aprendí de esos libros era que a todos los sirvientes les lavaban el cerebro. Siento pena por ella, jamás podrá salir de aquí. –Llévame allí y te contaré todo lo que quieras del mundo de arriba. –le digo muy convencido. Ella acepta y me indica que la siga por una puerta que conduce al sótano. Como recordaba.

Nos adentramos en la oscuridad, y en pocos minutos tengo delante de mí la puerta que da a la sala de entrenamiento. Demasiado fácil.

-Aquí tienes que seguir tú solo. No entraría ahí ni por todo el oro del mundo. –durante el camino he estado respondiendo a todo tipo de preguntas. Ese era el trato.

-Bien, muchas gracias. Nunca olvidaré tu ayuda. –ella se va y yo me dispongo a entrar de nuevo. Toda la emoción contenida corre ahora por mis venas.

Coloco mi mano en el pomo de la puerta pensando en la chica. Con qué poco he podido hacer con ella lo que he querido. Y, ¿quién sabe si la volveré a ver? La emoción se convierte en tristeza cuando alguien me toca el hombro. Me pongo tenso.

-Aquí está, como le dije. –dice Kathy detrás de mí.

-Matt, ¿qué haces aquí? –conozco esa voz. Me doy la vuelta, dispuesto a encontrarme con Julio. Pero no.

-¿Qué haces tú aquí? –preguntó confuso.

-Eso mismo te estoy preguntado yo…

3 comentarios:

*MCH* dijo...

quién era?? Robert??? su madre??? Rachel??j jejeje

Ragoan dijo...

eso quiero saber yo!! pero ni por el foro de CDS me hace caso esta chica....
porfi sube mas anda cuando puedas plisss!!!

*MCH* dijo...

si ps mira que ya vamos tiempo esperando, eh! xD

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